En medio de escenarios, camerinos, luces, trajes de coctel, música, baile y mucho público, empieza pasión de Linda Carolina, o Esneider, quien en realidad, sólo imita artistas femeninas en las pistas de baile de algunas discotecas gay de la ciudad de Medellín.
Linda Carolina es esa artista de cabellera dorada, aunque algunas veces es de color castaño, larga hasta la cintura, o en ocasiones a media espalda, que se dedica a hacer shows o participar en eventos y concursos, donde los camerinos para una “diva” tan apasionada como ella, son los baños de la discoteca o cualquier rincón en la puerta de la salida de emergencia de ésta.
Ella, en medio de luces y sus vestidos decorados con muchas piedras brillantes, se desenvuelve con una facilidad asombrosa en sus tacones de 12 cm, que le dan una estatura de 1.86 haciéndola ver imponente y logrando robarse toda la atención y los aplausos del público asistente, quienes le tienen un cariño absoluto por su sencillez, su formalidad, su talento y la forma de llegarle a las personas con tanta naturalidad y amabilidad.
Linda Carolina es simplemente esa artista que vive para imitar y personificar esas grandes estrellas de la canción femenina como Rocío Jurado, Rocío Durcal, Mariah Carrie, entre muchas otras y que lo entrega todo en un escenario para llevarse lo mejor de todos los asistentes, una sonrisa y los aplausos que siempre logra conseguir.
SIN MAQUILLAJE:
En realidad, detrás de esa rubia, hay un joven talentoso de 25 años, Esneider, de contextura atlética, cabello negro muy corto, de facciones muy masculinas y que encontró en el transformismo, una forma de transmitir todo ese talento que corre por sus venas y que lo motiva a vivir en medio de “momentos de fama” como él mismo lo plantea.
Esneider creó a Linda Carolina, después de estar, a sus 18 años, en una discoteca gay en la ciudad de Medellín y presenciar el show de un transformista de la ciudad de Bogotá, “fue mi inspiración”, dice Esneider. Un día en Estudios 2000, una tradicional discoteca gay de Medellín, ubicada en Caracas, por el parque Bolívar, a Esneider se le ocurrió presentarse en un concurso que hacen allí todos los domingos llamado la noche del desahogo, donde vestido como hombre imitó una canción interpretada por una mujer y fue el ganador de esa noche, pasó a la final del mes, donde se presentó vestido como mujer y obtuvo un pase para la final del semestre.
Sin embargo, esa noche de la final del semestre, no logró ganar pero sí consiguió un espacio en el medio y el reconocimiento de las personas que asistieron.
Esneider fue quien le dio a Linda Carolina esa personalidad arrolladora y a la vez tierna y amable. Esneider y Linda Carolina son uno solo con mínimas diferencias, pero su compenetración en el escenario es inigualable.
FUERA DEL ESCENARIO
Esneider es un joven, trabajador independiente que posee una microempresa de recreación para niños. Su labor en la vida está orientada en las artes escénicas. En ésta, personifica también a payasos, animadores, mimos, malabaristas, aunque en realidad, él es el encargado de la parte logística y administrativa.
Esneider vive en Bello con su madre. Su diario vivir está dedicado a su empresa de recreación. Actualmente, él cuenta con más de cincuenta vestidos, unos quince pares de tacones y diez pelucas para sus presentaciones. Cuenta con un grupo de amigos a los cuales les brinda asesoría para diferentes eventos y presentaciones. El grupo se llama “La Casa de las Lindas”, su nombre fue dado porque al nombre artístico que cada uno tenía, le antepusieron como primer nombre “Linda” cuenta Esneider que es él quien se encarga de darle orientación a estos nuevos transformistas. Él los clasifica de acuerdo a las capacidades de cada uno, “hay unos que hacen muy buenos shows, mientras que otros sólo sirven para participar en reinados y no falta en el grupo los que son completos y sirven tanto para reinados como para shows”, lo da a entender Esneider.
Los integrantes de “La casa de las Lindas”, permanecen siempre unidos, son los amigos incondicionales, que se apoyan y se acompañan en cada concurso o presentación y son los amigos de la rumba o “la parranda” como prefiere llamarlo Esneider.
ARTE CON SACRIFICIOS
Pero para Esneider, todo esa pasión implica una cantidad de sacrificios, “me gusta mi apariencia de hombre, pero para los eventos me toca depilarme las cejas, eso es lo que más me duele”, dice Esneider.
No sólo las cejas hacen parte de estos rituales, conservar un peso adecuado, la cintura, no mucho volumen en los brazos, depilarse las piernas y un sin número de rituales para conservar, de cierto modo, una apariencia relativamente femenina.
Además de todo lo anterior, cuenta que es muy complicado construir una relación sentimental con alguien más, todos estos artistas van adquiriendo, de hecho, actitudes femeninas, delicadas, que ante los ojos de otras personas que tienen interés sentimental, se ven como unos afeminados y como él lo dice “unas locas”.
Y no sólo en esa relación Esneider encuentra dificultades. Para él ha sido muy complicado, pues constantemente es víctima de las críticas por parte de su familia, principalmente de su madre, quien desde que se enteró de lo que a él le gustaba, se ha opuesto rotundamente, haciéndolo sentir como un enfermo, no sólo por su orientación sexual, sino también por el hecho de vestirse como mujer.
Pero a pesar de todo y aunque en algún momento ha dudado en continuar con lo que más lo apasiona en la vida, imitar y vestirse como mujer, Esneider se sigue enfrentando a las críticas, dejando de comprarse unos zapatos de hombre por unos tacones para hacer sus shows o cambiar una camiseta o un pantalón por accesorios y maquillaje, para siempre presentarse impecable.